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lunes, 2 de enero de 2017

Anáfora de San Basilio


El que eres, Soberano, Señor, Dios Padre, Señor universal,
Adorable, digno es en verdad y justo y conveniente a la magnificencia de tu santidad
alabarte, cantarte himnos, bendecirte, adorarte, darte gracias, glorificarte,
a ti el único que verdaderamente eres Dios,
y ofrecerte con corazón contrito y espíritu humillado este culto nuestro espiritual.

Porque tú eres quien nos ha concedido el conocimiento de su verdad.
¿Quién será capaz de narrar tus prodigios?
¿Quién ha de hacer oír tus alabanzas o de referir tus maravillas en todo tiempo?
¡Oh Soberano, Soberano de todas las cosas!

Señor de cielo y tierra y de toda criatura visible e invisible,
que está sentado sobre un trono de gloria y escrutas los abismos;
sin principio, invisible, inaprehensible, indescriptible, inmutable;
el Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
del Dios grande y Salvador, nuestra esperanza,
el cual es imagen de tu bondad,
impronta igual a su modelo,
manifestador en sí mismo del Padre,
Palabra viviente, Dios verdadero, Sabiduría anterior a los siglos, vida,
santificación, poder,
la luz verdadera, mediante el cual el Espíritu Santo se ha manifestado;
el Espíritu de verdad, el don de la adopción, la prenda de la herencia futura,
las primicias de los bienes eternos,
la fuerza vivificante, la fuente de la santificación,
por quien toda criatura dotada de razón y entendimiento
encuentra fuerzas para rendirte culto y elevar hacia ti la eterna doxología,
porque todos los seres está a tu servicio.

A ti,en efecto, te alaban los ángeles, y arcángeles,
tronos, dominaciones, principados, potestades,
virtudes, y los querubines de muchos ojos;
en derredor tuyo están los serafines,
uno y otro con seis alas,
con dos de las cuales se cubren el rostro, con dos los pies, y con dos vuelan,
mientras cantan alternativamente con bocas que no callan,
con divinas palabras que no enmudecen;
y, cantando el himno de triunfo, claman y gritan, diciendo:

Santo, Santo, Santo, Señor Sabaoth.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. 
Hosanna en las alturas.
Bendito el que viene en nombre del Señor
Hosanna en las alturas.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Akathistos

Santa María del Trastevere - Roma

Un arcángel excelso
fue enviado del cielo
a decir Dios te salve a María.

Contemplándote, oh Dios, hecho hombre
por virtud de su angélico anuncio,
extasiado quedó ante la Virgen,
y así le cantaba:

Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.
Salve, oh cima encumbrada - a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable - a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras - el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti - al que todo sostiene.
Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.
Salve, ¡Virgen y Esposa!

jueves, 15 de agosto de 2013

Oración bizantina en la Dormición de la Virgen María


Las potencias supremas de los cielos, presentándose en coro ante su soberano, escoltan llenas de temor el cuerpo purísimo que ha acogida a Dios; la preceden en la subida, invisibles, gritan a las huestes que están en las alturas: Mirad, llega la Madre de Dios, Reina del universo.

Alzad los dinteles y acoged con honores dignos del Reino ultramundano a Aquella que es la Madre de la Luz eterna. De hecho, gracias a Ella se ha llevado a cabo la salvación de todos los mortales. No podemos fijar en Ella nuestro rostro y es casi imposible no tributarle dignas alabanzas.

Su sobreeminencia excede a toda mente. Tú, oh Inmaculada Madre de Dios, que siempre vives junto a tu Rey e Hijo portador de vida, incesantemente intercedes para que sea preservado y salvado de todo ataque adverso tu nuevo pueblo: nosotros nos gozamos de tu protección, y por siglos, con todo esplendor, te proclamamos bienaventurada.

Cuando te marchaste, oh Madre de Dios, junto a Aquél que de ti nació inefablemente, estaban presentes Santiago, hermano de Dios y primer pontífice, junto a Pedro, venerabilísimo y sumo corífeo de los teólogos, y de todo el coro divino de los apóstoles.

Con himnos teológicos los apóstoles celebraban el divino y extraordinario misterio de la economía del Cristo Dios; y prestando los últimos cuidados a tu cuerpo, origen de vida y morada de Dios, se regocijaban, oh digna de todo canto.

Desde lo alto las santísimas y nobilísimas huestes angélicas miraban con estupor el prodigio y, con la cabeza inclinada, las unas a las otras se gritaban : Alzad los dinteles, y acoged a Aquella que ha dado a luz al Creador del cielo y de la tierra; celebremos con himnos de gloria el cuerpo santo y venerable que ha hospedado al Señor que a nosotros no se nos ha dado a contemplar. Y nosotros, festejando tu memoria, a ti gritamos, oh digna de todo canto: Alza la frente de los cristianos y salva nuestras almas.