sábado, 29 de abril de 2017

Santa Catalina de Siena. Carta 15 al judío Consejo


Sea alabado Jesucristo crucificado, hijo de la gloriosa Virgen María.

A ti, queridísimo y amadísimo hermano, comprado con la preciosa sangre del Hijo de Dios, como yo, yo, indigna Catalina, escribo obligada por Cristo crucificado y por su dulce Madre María, que os suplique y urja que debéis salir y abandonar la dureza y la tenebrosa incredulidad, y que debéis someteros y recibir la gracia del santo bautismo: pues sin el bautismo no podéis tener la gracia de Dios. Quien se encuentra sin bautismo no participa del fruto de la santa Iglesia, sino que, como miembro podrido y arrancado de la comunidad de los fieles cristianos, pasa de la muerte temporal a la muerte eterna, y recibe justamente pena y tinieblas, pues no ha querido lavarse en el agua del santo bautismo, y ha despreciado la sangre del Hijo de Dios, que derramó con tanto amor.

Oh, queridísimo hermano en Jesucristo, abre el ojo del entendimiento para contemplar su inestimable caridad, que te manda mediante invitación con las inspiraciones santas que han surgido en tu corazón; y que por sus siervos te pide y te invita, pues quiere hacer las paces contigo, sin fijarse en la prolongada guerra e injuria que ha recibido de ti por tu incredulidad. Pero cuánto es dulce y bondadoso nuestro Dios puesto que, ya que vino la ley del amor, y el Hijo de Dios vino de la Virgen María, y derramó la abundancia de su sangre sobre el árbol de la santísima cruz, podemos recibir la abundancia de la misericordia divina.

Por lo que, puesto que la ley de Moisés estaba fundada sobre la justicia y el castigo, así la nueva ley dada por Cristo crucificado, vida evangélica, está fundada en el amor y la misericordia. Puesto que Él es dulce y benigno, siempre que el hombre vuelva a Él humilde y creyente, y creyendo por Cristo se tiene la vida eterna. Y parece que no quiere recordar las ofensas que nosotros le hacemos; y que no quiere condenarnos eternamente, sino que siempre quiere ser misericordioso. Por eso levántate, hermano mío, en tanto en cuanto quieras estar unido a Cristo; y no duermas ya en tanta ceguera, porque ni Dios quiere, ni yo lo quiero, que la hora de la muerte te encuentre ciego; sino que mi alma desea el verte acercándote a la luz del santo bautismo, como el ciervo desea, cuando tiene hambre, el agua viva. Por lo tanto, ya no te resistas al Espíritu Santo que te llama, y no desprecies el amor que te tiene María, ni las lágrimas y oraciones que se hacen por ti; porque entonces te resultaría demasiado pesado el juicio. Permanece en el santo y dulce amor de Dios; y yo le pido a Él, que es la Verdad suma, que nos ilumine y nos llene con su santísima gracia, y que satisfaga mi deseo respecto de ti, Consejo.

Esta te es dada, Consejo, de parte de Jesucristo. Sea alabado Cristo crucificado, y su dulcísima Madre, la gloriosa Virgen y Madre Santa María. Jesús dulce, Jesús amor.

jueves, 27 de abril de 2017

Por los cristianos perseguidos


Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.

El texto de los Hechos de los Apóstoles, que se nos propone como primera lectura en la Eucaristía de hoy, nos pone de manifiesto cómo, ya desde el comienzo de la Iglesia, la persecución ha sido una constante que ha acompañado su periplo a través de la Historia.

Oremos por los mártires de nuestro tiempo, que sufren por su fidelidad a Cristo, para que el Señor sostenga su combate, y mueva nuestro corazón a compartir sus sufrimientos.

miércoles, 26 de abril de 2017

Liturgia mozáraba en la Alegría de la Pascua. Oración entre los dípticos

Pedro Berruguete - El Salvador

Bendice, alma mía, al Señor,
y toda la plebe fiel a Cristo
me acompañe en los gozos
de mi religiosa acción de gracias.

Lo viejo perdió ya su oprobio;
la muerte se aguijón;
la prisión, al reo;
al condenado, la cadena.

No se rebele en nosotros la sangre
alegando su derecho criminoso y parricida para dominarnos.
El hombre es quien perdió;
el que rescató es Dios hecho hombre. 
Mayor piedad te exigió, Señor, nuestra calamidad,
de lo que había perdido
la desenfrenada libertad de los primeros padres.

Entonces se nos dijo habíamos de ser siervos;
ahora, hijos. 
Entonces, se prometía a los obedientes la inmortalidad;
ahora, se les acrecienta también la dignidad.
Entonces, que habíamos de disfrutar de delicias;
ahora, que hemos de convivir con los ángeles.
Entonces, que habíamos de vivir con la criatura;
ahora que hemos de reinar con el Creador.
Entonces, que habíamos de huir del diablo;
ahora, que ha de estarnos sumiso. 
Entonces, que tuviésemos cuidado de los mandamientos;
ahora, se nos previene del aparato del juicio.
Entonces, se inculcaba el temor en la Ley;
ahora, lo persuade el corazón. 
Entonces, no pudimos alcanzar el Paraíso por causa de la culpa;
ahora podemos esperar el cielo por la gracia.

Mejor, pues, mucho mejor
hemos venido  a estar después de la ruina.
Por lo cual, humildísimos,
rogamos sin cesar que,
hasta tanto estemos del todo bien por tu curación,
no quites de nuestras llagas la medicina.

R/. Amén.

martes, 25 de abril de 2017

Por la Iglesia de Egipto

Reciente imagen de la violencia contra los coptos

Oremos por los cristianos de Egipto, según la tradición evangelizados por san Marcos, para que el Señor los proteja en las difíciles circunstancias por las que atraviesan.

Es una Iglesia de la que no se puede prescindir para comprender el cristianismo. Con sede patriarcal en Alejandría, nos ha dejado una impresionante lista de santos y doctores, con san Atanasio y san Cirilio, con los santos Antonio y Pacomio, y con innumerables mártires y confesores.

Hoy son varios millones, que perseveran después de siglos de opresión musulmana en la confesión de Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, por quien hemos tenido acceso a la misericordia del Padre.

lunes, 24 de abril de 2017

Liturgia mozárabe en la Alegría de la Pascua, Introducción al Padre Nuestro

Alonso Berruguete - Cristo Resucitado

Oh Cristo
Jesús bueno,
que llamaste al Padre desde la Cruz
tú también en este día en que surgiste del sepulcro,
óyenos cuando a ti llamamos;
de manera que,
envueltos en las alegrías de tu resurrección,
los labios de los que tan gozosos se muestran
se llenen de jubilosas alabanzas,
y sus corazones vean el efecto de sus plegarias
ahora que van a pedir lo que tú mismo mandaste.

domingo, 23 de abril de 2017

Para que el Señor sostenga nuestra fe

Martin Schogauer - La duda de Tomás

Oremos este Domingo, los unos por los otros, para que el Señor fortalezca nuestra fe. Oremos para que las dudas que asaltaron a Tomás no prevalezcan en nuestro corazón sino que, poniendo toda nuestra confianza en el Señor Jesús, le entreguemos por entero nuestra existencia.

sábado, 22 de abril de 2017

En la Beatificación del Padre Luis Ormieres


Oremos por las Hermanas del Ángel de la Guarda, que celebran hoy en Oviedo la Beatificación de su fundador, el Padre Luis de Ormieres. En su página Web han dejado un bello retrato de las virtudes que adornaron a este sacerdote francés. Sirva de acción de gracias al Señor, que sigue suscitando en la Iglesia la santidad en el servicio al prójimo.

La Fe Su Fe en la Palabra de Dios es activa y coherente. Le ayuda a descubrir su vocación sacerdotal y a ofrecerse en la fidelidad de cada día: es la fuerza que le ayuda a proclamar la «gloria de Dios» y a abandonarse en la divina Providencia. Toda su vida de fe tiene como modelo la fe de María y así, durante toda su vida no hará otra cosa más que buscar y aceptar siempre el querer de Dios.

La Esperanza La esperanza radicaba en una confianza profunda en la Divina Providencia que lo sostuvo en todos los contratiempos de la vida y le permitió aceptar con serenidad los sufrimientos morales y físicos hasta la muerte. La esperanza ha sido el fundamento no solo de su serenidad, sino también de su paciencia; Nada sucede que no sea para el bien de los elegidos’ (p. 467). Esta virtud fue la que le dio la fuerza para realizar el gran apostolado educativo, considerando la vida presente como «el preludio de una eterna juventud».

La Caridad La caridad en su doble dimensión: Caridad para con Dios y con el prójimo fueron las razones fundamentales de su total donación como sacerdote, como educador y como fundador. Si su amor a Dios es claro y sencillo, su amor al prójimo es igualmente claro. Ya desde el Seminario, su servicio hacia los demás es total; es de todos conocido su gesto en Comus que permite a su Obispo definirlo como mártir de la Caridad’ Su figura se presenta hoy como un modelo de sacerdote secular que expande toda su vida al servicio de la juventud y que no solamente trabaja por ella, sino que busca los medios para ampliar su trabajo mediante la fundación de un Instituto destinado a llevar a todo el mundo sus frutos.