jueves, 23 de noviembre de 2017

Oración de San Clemente de Roma


Pediremos con instante súplica, haciendo nuestra oración, que el artífice de todas las cosas guarde íntegro en todo el mundo el número contado de sus elegidos, por medio de su amado Hijo Jesucristo.

Por él nos llamó de las tinieblas a la luz, 
de la ignorancia al conocimiento de la gloria de su nombre, 
a esperar en tu nombre, principio de toda creatura, 
abriendo los ojos de nuestros corazones para conocerte a ti 
el único altísimo en las alturas, 
el Santo que tiene su descanso entre los santos; 
el que humilla la altivez de los soberbios, 
el que deshace los pensamientos de las naciones, 
el que levanta a los humildes y abate a los que se enaltecen, 
el que enriquece y empobrece, 
el que mata y el que da la vida, 
el único bienhechor de los espíritus y Dios de toda carne.
Tú penetras los abismos 
y contemplas las obras de los hombres, 
auxilio de los que están en peligro 
y salvador de los desesperados, 
creador y protector de todo espíritu.
Tú multiplicas las naciones sobre la tierra, 
y has escogido entre todas a los que te aman 
por medio de Jesucristo tu Hijo amado, 
por el cual nos has enseñado, 
nos has santificado, nos has honrado.
Te rogamos, Señor, que seas nuestro auxilio 
y nuestro protector.
Sálvanos en la tribulación, levanta a los caídos, 
muéstrate a los necesitados, sana a los enfermos, 
vuelve a los extraviados de tu pueblo, 
sacia a los hambrientos, da libertad a nuestros cautivos, 
levanta a los débiles, consuela a los pusilánimes; 
conozcan todas las naciones que tú eres el único Dios, 
y Jesucristo es tu Hijo, 
y nosotros tu pueblo y las ovejas de tu rebaño.

San Clemente de Roma
Carta a los Corintios 59

sábado, 18 de noviembre de 2017

Por los difuntos padres de don Francisco


Oremos por el eterno descanso de los padres de don Francisco Cubells, que el lapso de muy pocos días han fallecido. Para que el Señor los acoja en su misericordia. Pidamos también por su hijo, para que la tristeza de esta separación encuentra en la fe un motivo firme para la esperanza.

Dales, Señor, el descanso eterno.
Y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.
Amén.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Oración de Santa Gertrudis


Padre eterno,
yo te ofrezco la preciosisima sangre
de tu Divino Hijo Jesús,
en union con las misas celebradas hoy día a través del mundo
por todas las benditas animas del purgatorio
por todos los pecadores del mundo. 
Por los pecadores en la iglesia universal,
por aquellos en propia casa y dentro de mi familia.
Amen.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Liturgia mozárabe del Domingo XXXII. Oración después de los Dípticos


Acoge, Señor, te lo pedimos,
nuestras oraciones de cada día,
que presentamos ante tu altar.

Dígnate aceptar la humildad de nuestra confesión
dado que, día y noche,
pedimos con insistencia, oh Dios,
la piedad de tu gran misericordia:

por tu Iglesia católica,
para que te dignes protegerla de todo mal;

por los que nos gobiernan,
para que puedan asegurar la paz y la justicia;

por los obispos,
para que, en el ejercicio de sus funciones,
se vean libres de las insidias del enemigo;

por los ministros de la Iglesia y por todo el pueblo,
para que, por tu gran misericordia, Señor,
te dignes librarlos de cualquier adversidad;

por las almas de los fieles que descansan en paz,
para que obtengan el perdón de sus pecados;

y, para que la salud acompañe a todos los vivos,
por intercesión de los santos.
R/. Amén.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Salmo penitencial. Salmo 37

Jean Baptiste de Champaigne - El Buen Pastor

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera:
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne, a causa de tu furor;
no tienen descanso mis huesos, a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis fuerzas;
mis llagas están podridas y supuran,
por causa de mi insensatez;
voy encorvado y encogido
todo el día camino sombrío,
tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi carne;
estoy agotado, deshecho del todo,
rujo con más fuerza que un león.
Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.
Pero yo, como un sordo, no oigo,
como un mudo, no abro la boca;
soy como uno que no oye y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que cuando resbale mi pie, no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de mí.
Yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Os apartasteis del camino

Estrasburgo. La Sinagoga y la Iglesia

Yo soy el Gran Rey,
y mi nombre es respetado en las naciones
–dice el Señor de los ejércitos–.

Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes.
Si no obedecéis y no os proponéis dar gloria a mi nombre
–dice el Señor de los ejércitos–,
os enviaré mi maldición.

Os apartasteis del camino,
habéis hecho tropezar a muchos en la ley,
habéis invalidado mi alianza con Leví
–dice el Señor de los ejércitos–.

Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo,
por no haber guardado mis caminos,
y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley.

¿No tenemos todos un solo padre?
¿No nos creó el mismo Señor?
¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo,
profanando la alianza de nuestros padres?

Lectura de la profecía de Malaquías (1,14–2,2b.8-10)

sábado, 4 de noviembre de 2017

Oración de san Carlos Borromeo para la hora de la muerte


En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Primeramente digo, que como fundamento de mi salvación, protesto en presencia de Dios omnipotente, de la Virgen Santísima Madre suya, y de toda la corte celestial, que mi voluntad es vivir y morir obediente a la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, creyendo firmemente, como creo, todos los artículos de la fe enseñados por los santos Apóstoles, como los propone y explica nuestra Santa Madre la Iglesia. Así, pues, si alguna vez me ocurriere alguna cosa contra ellos, las tengo desde luego por error y por tentación del enemigo. Y si, lo que Dios no permita, dijere o hiciere algo que sea contrario, en virtud de esta cláusula lo revoco y anulo, y es mi voluntad que se tenga por no dicho ni hecho.

Declaro por esta mi última voluntad, que en mi muerte deseo recibir el santo Sacramento de la Penitencia, confesándome enteramente de mis pecados; y si por algún accidente no me pudiere confesar, es mi voluntad confesarme y dolerme de todos ellos, llorarlos amargamente, no tanto por el temor de las penas eternas, cuanto por haber ofendido al Sumo Bien, a quien debo servir y amar sobre todas las cosas, lo cual ahora propongo firmemente con su divina gracia todo el tiempo que me resta de vida.

Es mi voluntad recibir también el Santo Viático; y si por alguna causa no pudiere ser, declaro que mi voluntad es recibirle a lo menos espiritualmente, adorando de corazón a mi Señor Jesucristo Sacramentado, y suplicándole que se digne acompañarme en tan peligroso Viaje, defenderme de los enemigos infernales, y llevarme al puerto seguro de la eterna bienaventuranza.

Declaro asimismo que mi voluntad es pasar de esta vida habiendo recibido el Sacramento de la Extremaunción; y no pudiendo recibirle, ruego a mi Dios y Señor se digne ungirme con el óleo santo de su misericordia, perdonándome los pecados que cometí con los cinco sentidos corporales.

También es mi voluntad acabar la vida esperando de la infinita misericordia de Dios el perdón de todos mis pecados, y la salvación de ni alma, teniendo como tengo por infalible la palabra de mi Señor Jesucristo, que dijo: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.