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domingo, 15 de mayo de 2016

Prefacio de Pentescostés


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual,
has enviado hoy al Espíritu Santo
sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos
al injertarlos en Cristo, tu Unigénito.

Este mismo Espíritu fue quien,
al nacer la Iglesia,
reveló a todos los pueblos el misterio de Dios
y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.

Por eso, el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo
es el Señor,
Dios de universo.
Llenos están el cielo y la tierra
de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor
Hosanna en el cielo

sábado, 14 de mayo de 2016

Liturgia mozárabe de Pentecostés


Es digno y justo, Dios omnipotente, según la pobreza de nuestras posibilidades, proclamar los beneficios de tus dones y celebrar siempre en esta conmemoración anual el don de la salvación eterna que hoy se nos da.

¿Quién se atreverá a callar con ocasión de la venida del Espíritu Santo, cuando a través de tus Apóstoles las lenguas todas de la gentilidad están hablando?

¿Quién podrá describir de qué admirable modo en este día, con las lenguas de fuego fue distribuido a los discípulos el conocimiento de todas las lenguas del mundo, de modo que, hablando el latino con el hebreo, el griego con el egipcio, el escita con el indio, mientras cada uno habla su lengua entiende la del otro? 

¿Y con qué virtud puede acontecer que los predicadores de la verdad revelada repartan voluntariamente por los inmensos ámbitos del mundo el mismo don de la única e indivisible doctrina celestial? 

No hay disonancias en la unidad de la fe, aunque haya belleza en la distribución de los diversos saberes y maravilla en la multiforme variedad de los acentos, y así se muestra que no empece la diversidad de la lengua a la confesión cristiana, ni obsta que cada uno se manifieste en su lengua, mientras sea uno aquél en quien creemos.

Te rogamos, pues, oh Señor, que esta confesión nuestra, brotada en los corazones de hijos de la promesa, te sea siempre acepta, Padre de la gloria, y que por la infusión del Divino Espíritu bendigas y santifiques nuestros sentidos, para esperar y merecer lo que tienes prometido a tus fieles. 

Bien sabemos, por tu largueza derramada desde innumerables dones y frutos del Espíritu Santo, lo más sublime concedido a la Iglesia naciente fue que las bocas de los hombres proclamasen el pregón de tu Evangelio en las lenguas de todas las naciones.

La graciosa revelación de tu Santo Espíritu, que vino a nosotros pasadas las siete  semanas desde la gloriosa resurrección de tu Hijo muestra que, aunque sea septiforme, consiste en la suma de todas las virtudes, concordantes en un solo acto.

Estas son, sin duda, las siete gradas de tu templo, por las que se sube al reino de los cielos. Este es el año quincuagésimo de la indulgencia que en otro tiempo se predicaba en leyes figurativas. Este es el fruto de las mieses nuevas, que hoy se manda ofrecer. Porque, aunque sea eterno, anterior a los siglos, para nosotros es nuevo cuando se manifiesta.

Ni carece de misterio el hecho de que se nos infunda este don diez días después de la Ascensión de tu Hijo, pues con ello se muestra que éste es el denario prometido por el Padre de familia a los cultivadores de la viña.

Pero el mayor y el más necesario significado de este divino don, es que, al descender sobre las cabezas de los discípulos en forma de lenguas de fuego, manifiesta que en los corazones de los creyentes no había de caber las disonancias ni las tibiezas; sino que los predicadores de tu palabra habían de ser unánimes en el entender y fervientes en la caridad ¡Oh fuego, que fecundas abrasando!

martes, 10 de mayo de 2016

Para prepararnos a Pentecostés


Señor Dios nuestro:
Como María, las mujeres y los apóstoles
en la víspera del primer Pentecostés,
también nosotros estamos reunidos en oración.
Que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros,
para que seamos  creyentes entusiastas
y testigos fieles de la persona
y del Evangelio de Jesús.
Que nuestra manera de vivir dé testimonio claro
de que Jesús es nuestra luz y nuestra vida,
ahora y por los siglos de los siglos.

domingo, 24 de mayo de 2015

Prefacio de Pentescostés


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual,
has enviado hoy al Espíritu Santo
sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos
al injertarlos en Cristo, tu Unigénito.

Este mismo Espíritu fue quien,
al nacer la Iglesia,
reveló a todos los pueblos el misterio de Dios
y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.

Por eso, el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo
es el Señor,
Dios de universo.
Llenos están el cielo y la tierra
de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor
Hosanna en el cielo

sábado, 23 de mayo de 2015

Liturgia mozárabe. Preparación para la Solemnidad de Pentecostés.


Es digno y justo
que te dediquemos alabanzas y acción de gracias
a ti, Dios, de quien esperando la promesa del Espíritu,
pasamos estos días en ayuno para expiación nuestra,
y los honramos con sacrificios.
En efecto, corresponde ahora
el periodo temporal en que debemos dedicarnos a la mortificación y las lágrimas,
ya que, mientras vivía corporalmente el Esposo sobre la Tierra,
no era lícito a los discípulos ayunar.

Por lo tanto es necesario
que quienes hemos celebrado ya el gozo de la Ascensión del Señor,
nos mortifiquemos con el ayuno,
aguardando al Espíritu prometido;
para que purificados por la contrición del corazón
y la abstinencia de la carne,
merezcamos recibir al Espíritu de la verdad.

Al cual, merecidamente,
todos los Ángeles y Arcángeles
no cesan de aclamar diariamente diciendo:

Santo, Santo, Santo
es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo

jueves, 21 de mayo de 2015

Para prepararnos a Pentecostés


Señor Dios nuestro:
Como María, las mujeres y los apóstoles
en la víspera del primer Pentecostés,
también nosotros estamos reunidos en oración.
Que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros,
para que seamos  creyentes entusiastas
y testigos fieles de la persona
y del Evangelio de Jesús.
Que nuestra manera de vivir dé testimonio claro
de que Jesús es nuestra luz y nuestra vida,
ahora y por los siglos de los siglos.

domingo, 8 de junio de 2014

Prefacio de Pentescostés


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual,
has enviado hoy al Espíritu Santo
sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos
al injertarlos en Cristo, tu Unigénito.

Este mismo Espíritu fue quien,
al nacer la Iglesia,
reveló a todos los pueblos el misterio de Dios
y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.

Por eso, el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo
es el Señor,
Dios de universo.
Llenos están el cielo y la tierra
de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor
Hosanna en el cielo

sábado, 7 de junio de 2014

Para prepararnos a Pentecostés


Señor Dios nuestro:
Como María, las mujeres y los apóstoles
en la víspera del primer Pentecostés,
también nosotros estamos reunidos en oración.
Que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros,
para que seamos  creyentes entusiastas
y testigos fieles de la persona
y del Evangelio de Jesús.
Que nuestra manera de vivir dé testimonio claro
de que Jesús es nuestra luz y nuestra vida,
ahora y por los siglos de los siglos.

viernes, 6 de junio de 2014

Liturgia mozárabe de Pentecostés


Es digno y justo, Dios omnipotente, según la pobreza de nuestras posibilidades, proclamar los beneficios de tus dones y celebrar siempre en esta conmemoración anual el don de la salvación eterna que hoy se nos da.

¿Quién se atreverá a callar con ocasión de la venida del Espíritu Santo, cuando a través de tus Apóstoles las lenguas todas de la gentilidad están hablando?

¿Quién podrá describir de qué admirable modo en este día, con las lenguas de fuego fue distribuido a los discípulos el conocimiento de todas las lenguas del mundo, de modo que, hablando el latino con el hebreo, el griego con el egipcio, el escita con el indio, mientras cada uno habla su lengua entiende la del otro? 

¿Y con qué virtud puede acontecer que los predicadores de la verdad revelada repartan voluntariamente por los inmensos ámbitos del mundo el mismo don de la única e indivisible doctrina celestial? 

No hay disonancias en la unidad de la fe, aunque haya belleza en la distribución de los diversos saberes y maravilla en la multiforme variedad de los acentos, y así se muestra que no empece la diversidad de la lengua a la confesión cristiana, ni obsta que cada uno se manifieste en su lengua, mientras sea uno aquél en quien creemos.

Te rogamos, pues, oh Señor, que esta confesión nuestra, brotada en los corazones de hijos de la promesa, te sea siempre acepta, Padre de la gloria, y que por la infusión del Divino Espíritu bendigas y santifiques nuestros sentidos, para esperar y merecer lo que tienes prometido a tus fieles. 

Bien sabemos, por tu largueza derramada desde innumerables dones y frutos del Espíritu Santo, lo más sublime concedido a la Iglesia naciente fue que las bocas de los hombres proclamasen el pregón de tu Evangelio en las lenguas de todas las naciones.

La graciosa revelación de tu Santo Espíritu, que vino a nosotros pasadas las siete  semanas desde la gloriosa resurrección de tu Hijo muestra que, aunque sea septiforme, consiste en la suma de todas las virtudes, concordantes en un solo acto.

Estas son, sin duda, las siete gradas de tu templo, por las que se sube al reino de los cielos. Este es el año quincuagésimo de la indulgencia que en otro tiempo se predicaba en leyes figurativas. Este es el fruto de las mieses nuevas, que hoy se manda ofrecer. Porque, aunque sea eterno, anterior a los siglos, para nosotros es nuevo cuando se manifiesta.

Ni carece de misterio el hecho de que se nos infunda este don diez días después de la Ascensión de tu Hijo, pues con ello se muestra que éste es el denario prometido por el Padre de familia a los cultivadores de la viña.

Pero el mayor y el más necesario significado de este divino don, es que, al descender sobre las cabezas de los discípulos en forma de lenguas de fuego, manifiesta que en los corazones de los creyentes no había de caber las disonancias ni las tibiezas; sino que los predicadores de tu palabra habían de ser unánimes en el entender y fervientes en la caridad ¡Oh fuego, que fecundas abrasando!