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domingo, 11 de octubre de 2015

Invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría

Pedro Berruguete - Rey Salomón

Supliqué, y se me concedió la prudencia;
invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos,
y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.
No le equiparé la piedra más preciosa,
porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena,
y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.
La quise más que la salud y la belleza,
y me propuse tenerla por luz,
porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos,
en sus manos había riquezas incontables. 

Lectura del libro de la Sabiduría (7,7-11)

domingo, 8 de marzo de 2015

Por la verdadera sabiduría espiritual


Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para lo judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados –judíos o griegos–, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Este texto del comienzo de la Primera Carta a los Corintos, que nos propone la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma en la segunda lectura, nos invita a orar, los unos por los otros, para que el Señor nos conceda la sabiduría espiritual para contemplar el paradójico misterio de la Pasión y Cruz de nuestro Señor Jesucristo como fuente de nuestra salvación.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Por la verdadera Sabiduría


Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios.

El versículo 18 del capítulo 3º de la Primera Carta a los Corintios, que leemos en la Eucaristía de hoy, nos invita a ora, los unos por los otros, para que el Señor nos conceda la auténtica sabiduría, que no es la de este mundo, sino la que procede de Dios, que nos manifiesta el Espíritu Santo en Jesucristo Crucificado.